Una voz en el mundo

02/Abr/2018

Por Dr. Eli Aljanati, para CCIU

Una voz en el mundo

El 26 de
abril en el Espacio Felisberto Hernández de la Sala Zitarrosa, se presenta
SABRINA LASTMAN, una talentosísima cantante uruguaya con una amplia carrera
musical en el exterior.
Sabrina
nació en Montevideo en 1973. Concurrió a la escuela pública y también al liceo
público, así como también al Liceo Ariel Hebreo-Uruguayo. Vivió en Israel de
1999 al 2005, y estudió jazz en The Jerusalem Academy of Music and Dance
(conocida como Academia Rubin). A mediados del año 2005 se muda a los Estados
Unidos, donde vive hasta el 2017.
El pasado
año (2017), Sabrina regresó a Montevideo donde continúa desarrollando su
actividad artística y docente.
Sus
trabajos incluyen varios discos, entre ellos: “Los pliegues del alma”, “On
Becoming”, “The Candombe Jazz Sessions” e “Inelement”.
Se ha
presentado en infinidad de países y lugares tales como el Carnegie Hall y el
Blue Note en Nueva York, así como también en universidades, entre otras,
Harvard, Yale, New York University y Rutgers.
Sus
compañeros de ruta incluyen varios ganadores y nominados a los Grammys como:
Bakhiti Kumalo, Fernando Otero, Pablo Aslán, Emilio Solla, y el uruguayo
Gustavo Casenave; importantes músicos locales como Andrés Bedó, Jorge Trasante,
Roberto De Bellis y Pablo Somma, además de músicos internacionales de la escena
del jazz contemporáneo.
También ha
participado y co-dirigido performances vanguardistas con músicos, bailarines y
artistas visuales tales como “Diálogos de silencio”, “River of Painted Birds”,
“On Becoming” y “Double Helix” (con este último acaba de presentarse el pasado
16 de marzo en los Estados Unidos). Ha sido co-directora por varios años del
festival vocal Vital Vox en la ciudad de Nueva York.
Es un
placer conversar con ella en esta entrevista sobre distintos aspectos de su
carrera y de su vida personal:
P: ¿Dónde
naciste y cómo fue tu infancia y adolescencia en Uruguay?
Nací el 4
de octubre de 1973 en Montevideo, de algún modo bajo la impronta de la
dictadura. En mi caso, no la sentí en casa, pero se sentía… A veces cuando
iba a la tnuá Hanoar había que cuidarse, por si ibas en grupo por la calle…
Recuerdos
de mi infancia…Pocitos, la rambla, la playa, mis abuelos maternos, el yiddish
que hablaban mis padres y abuelos; las fiestas familiares, ir en los veranos al
Parque de Vacaciones UTE, las clases de ballet, intentos de clases de dibujo.
Tengo hermosos recuerdos de la Escuela, sobre todo de la Brasil…cantar en el
coro, los primeros amigos. Alguna de esas amistades se mantienen hasta hoy.
Luego vino
la etapa del liceo, parte público y parte privado. Una etapa de mucho
aprendizaje, donde continué con la danza, con coro, y comencé con clases de
piano y canto.
P: ¿Cómo se
inició tu carrera artística?
Desde chica
siempre me gustó cantar. En mi casa siempre hubo mucha música de diferentes
partes del mundo. A mi padre le gustaba la ópera y la música clásica. Me
interesaba también el trabajo corporal, el cuerpo en escena, la expresión a
través del movimiento. Participé en el coro de la NCI y el UPSALA. En Uruguay,
tomé clases de canto y piano con Yolanda Pedemontti, Laura Baranzano y Jorge
Schellemberg, y también ballet y danza contemporánea con Ibis Longo, Ema
Haberli, Contradanza, y Gustavo Collini.
En cuanto a
considerar la música como mi carrera, creo que el “click” final lo hice cuando
me fui a estudiar música a Israel.
P: ¿Qué
recordás de tu etapa en Israel?
Llegué en
1999 a Ashkelon, una etapa tranquila en aquella época, pero al año siguiente
vino la Intifada, y todo se hizo más sensible. La gente ya no salía tanto, se
quedaba más en sus casas. En el año 2000 me mudé a Yerushalaim, y eso me marcó.
Un día me subí al ómnibus para ir a la Academia, y tuve la sensación que un
hombre que se había subido, era un kamikaze. Al final, no pasó nada, pero
sentí, por primera vez, miedo de morir…
Recuerdo a
parte de mi familia que aún hoy vive allá; Yerushalaim y el shuk (mercado),
hermoso, siempre tan vivo, íbamos los viernes a comprar allí con mi esposo; los
barrios Najlaot y Katamon Haieshaná. Me quedan gratos recuerdos de mis amigos,
de mis compañeros de la Academia Rubin, de los profes, de los músicos
magníficos con los que tuve la oportunidad de hacer música juntos y de los que
aprendí muchísimo, y de los festivales de música y lugares de conciertos donde
tocamos.
Tuve la
oportunidad en la Universidad Hebrea de Jerusalén de formar parte de un
proyecto de teatro musical con gente de la Academia y gente del Teatro
Palestino. Haber sido parte de ello fue algo muy simbólico para mí, sobre todo
en aquella época de Intifada, y especialmente en Yerushalaim.
P:
Comentanos algo sobre tus últimos trabajos discográficos.
El último
disco se llama “Inelement”. Lo grabamos junto al grupo SoCorpo, con el
vocalista y multi-instrumentista Sasha Bogdanowitsch (con quien grabamos
también “On Becoming”). Tiene un carácter más experimental, y las composiciones
fueron, en su mayoría, en conjunto. Incluye improvisación vocal, canciones con
y sin uso de texto, electrónica, salterio, auto harp y percusiones.
“The
Camdombe Jazz Sessions” editado por ZOHO Music en el 2012, es con mi cuarteto.
Incluye temas míos, así como también arreglos de temas de Egberto Gismonti,
Rubén Rada, y Silvia Segundo. Los músicos que grabaron fueron Pablo Aslán,
Emilio Solla y David Silliman, e invitados como Meg Okura, Ernesto Villa-Lobos,
y Dave Eggar, entre otros, así como también los uruguayos Manuel Silva, Arturo
Prendez y Teodoro Fabricio en tambores.
P: ¿Quiénes
te han influenciado más en tu carrera?
El querido
Rubén Rada; el disco “Opa”; Bobby McFerrin, Ella Fitzgerald, Sarah Vaughan,
Billie Holiday, Norma Winston, Joni Mitchell, Heitor Villa-Lobos, Piazzolla,
Fernando Otero. A Fernando Otero lo conocí en Nueva York, y tuve la suerte de
tocar juntos tanto en EEUU como en Israel. Es un excelentísimo compositor y
pianista, un querido amigo.
Me gustan
otras cantantes y creadoras norteamericanas que aún están vigentes, de la vieja
generación, como lo son Sheila Jordan, Jay Clayton y Meredith Monk.
Tuve la dicha
de conocer personalmente a Meredith Monk, ya que fui seleccionada a participar
en un taller y concierto que se realizó en el Carnegie Hall en Nueva York en el
año 2006, para cantar sus composiciones. Allí también conocí a otro músico
impresionante (quien era parte del ensamble vocal de Meredith Monk) con el cual
tomé alguna clase de canto, y que es de los mejores vocalistas en la escena
neoyorquina actual: Theo Bleckmann.
De la
música brasileña: Joyce, Joao Bosco, Caetano Veloso, Egberto Gismonti, Pixinguinha,
Hermeto Pascoal, Nana Vasconcellos, Jobim, entre otros.
De Israel,
lo que me gustó fue el tener acceso a la música del Medio Oriente y el
Mediterráneo, y al jazz de vanguardia. Me influenciaron Julia Feldman, una
queridísima amiga, vocalista y compositora, así como también Ora Boasson, Dvir
Katz, Oleg Bogod e Itzhik Yedid, todos músicos con los que tuve la dicha de
trabajar juntos. Me marcó escuchar a Achinoam Nini, Esti Keinan y Yehudit
Rabitz.
Lo que más
me influencia es la melodía y el ritmo. Es la base, lo fundamental. Como en la
música tribal… ¿qué tenían? Elementos para percutir y la voz, el canto.
También me fascina cuando hay armonías ricas, cuando la armonía genera toda una
atmósfera, una gama de colores, como en la música de Fernando Otero, de Bill
Evans, de Debussy…
P: ¿Qué te
llevó a radicarte nuevamente en Uruguay?
Básicamente
lo que me impulsó a volver en este momento fue lo familiar.
P: ¿Qué
vamos a ver en el espectáculo del 26/4?
Vamos a
hacer un dúo con el contrabajista Marcos Expósito, y como músico invitado Pablo
Somma en flautas. Voz y contrabajo es un desafío importante para mí. Hice en el
pasado algún dúo con contrabajo pero en el marco de mi cuarteto, nunca un
concierto completo en este formato. Hace mucho tiempo que tenía ganas de
hacerlo, y se dio esta oportunidad en la Zitarrosa.
Van a
escuchar algunas piezas mías, y temas de Victora Jara, Egberto Gismonti,
Hermeto Pascoal, John Coltrane y Theo Bleckmann, entre otros.
P: Además
del canto, te dedicás a la docencia. ¿En qué áreas?
Soy docente
de voz y canto, y del Método Feldenkrais.
El Método
Feldenkrais lo conocí cuando estudiaba en la Academia en Israel. Era parte de
las materias de la carrera de Movimiento, donde yo tomé algunas clases.
P: ¿Qué es
el Método Feldenkrais?
Su creador,
Moshe Feldenkrais era doctorado en física de la Sorbonne de Paris y cinturón
negro de Judo.
El Método
Feldenkrais es un método de educación somática, de conscientización a través
del movimiento.
El Método
tiene como propósito el permitirnos funcionar mejor, coordinar mejor, sentirnos
mejor, tener menos dolores y molestias. Se aplica, por ejemplo, en las artes
escénicas, trabajando con músicos, bailarines y actores. Como el artista
trabaja con su cuerpo, tiene que tener libertad de movimiento, y si la
utilización de uno mismo no es la más óptima, seguramente el cuerpo del actor
en escena, o el músico con su instrumento, no puedan expresar todo lo que
tienen para expresar.
El Método
se aplica a todas las edades y a una variedad de situaciones: desde bebés o
niños con parálisis cerebral, a problemas atencionales y autismo, a personas
con problemas de coordinación, a gente que ha sufrido accidentes
automovilísticos y tiene que rehabilitarse, a personas con enfermedades
musculares degenerativas, a gente que ha pasado por operaciones de espalda, a
personas con problemas de articulaciones, de espalda, de escoliosis, etc. La
idea es que a través de la consciencia del cuerpo y de cómo nos movemos,
podemos re-aprender patrones nuevos de comportamiento. Es una relación
mente-cuerpo.
Este método
se aplica tanto a nivel grupal como individual. Cuando se trabaja en grupos, el
docente guía verbalmente a las personas usando una serie de patrones de
movimiento y variaciones de los mismos, generalmente sin mostrar el movimiento.
La sesión individual, o Integracion Funcional -como le llamó Moshe- se trabaja
uno a uno sobre la persona, con la persona.
P: Algo más
que quieras decirle a quienes te están leyendo…
R: Me
gustaría que los uruguayos estén más abiertos a propuestas diferentes, no sólo
artísticas. No sólo que se enganchen con lo que pasan por la radio, o por la
televisión, sino que también de cosas un poco más jugadas. Capaz que si
escucháramos jazz u otras músicas todos los días en vez de pop, te gustaría más
el jazz o cosas más experimentales. Ojo, a mí el pop-rock me gusta muchísimo,
pero ir un poco más allá está bueno también. Estar más abiertos a otras
opiniones, a otras propuestas, al cambio…
Una
experiencia increíble haber conocido y entrevistado a Sabrina Lastman. El
jueves 26/4 a las 19:30 hs. nos veremos en el Espacio Felisberto Hernandez de
la Sala Zitarrosa.
Las
entradas están en venta en webs de Tickantel, BROU, BBVA, Santander, Banque Heritage,
y en Sala Zitarrosa.